"Verde, que te quiero verde", o Cómo morir por un libro
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Hubo una época en que leer podía matarte.
Literalmente.
¡Feliz Día del Libro!
Este 23 de abril se celebra el día del libro. Un día como hoy, pero de 1616, fueron enterrados o murieron dos grandes de la literatura universal: Miguel de Cervantes y William Shakespeare.
Ellos no se conocieron en persona, pero cada uno transformó profundamente la literatura en castellano y en inglés.
En esta ocasión no te hablaré de ellos.
Quiero contarte algo más truculento. Más sádico. Más terrible.
Quiero hablarte de una serie de libros que puede —literalmente— acabar con tu vida.
Todo comienza en el siglo XIX en Inglaterra y París (¿te cuesta entender a qué siglo corresponde? Revisa este reel que subí ayer 😉).
En aquellos años, la gente estaba obsesionada con el color verde.
¡Mientras más verde, mejor!
Usaban papel mural verde, vestidos verdes, alfombras verdes...
Hasta la Reina Victoria usaba vestidos verdes. ¿Quién no querría imitarla?
Para 1860, se habían fabricado 700 toneladas del pigmento en Inglaterra.

Y por supuesto, también hacían libros con tapa verde. ¡Combinaban perfecto con las paredes verdes y brillaban de una forma especial con la luz de las nuevas lámparas de gas!
Pero había un problemita.
O un problemón.
Las mujeres que trabajaban en las fábricas haciendo el tinte verde tenían llagas en las manos. Aquellas que chupaban los pinceles para pintar con el pigmento verde comenzaban a tener lesiones en la boca.
Y algunas morían.
En 1861, a Matilda Sheurer —quien trabajaba haciendo tocados verdes— se le pusieron los ojos verdes, las uñas verdes, y comenzó a vomitar verde. Todo esto antes de morir a los 19 años.
¡¿Que estaba pasando?!

Pronto, las mujeres que usaban los vestidos verdes también se enfermaban, así como la gente que leía los libros con tapa verde.
Hacia 1870 se pudo entender algo: quizá —solo quizá—, el arsénico con el que se estaba preparando el pigmento verde era lo que estaba enfermando y matando a tanta gente.
Porque sí. Los principales pigmentos, llamados Verde de Sheele, Verde de Viena y Verde de París se hacían principalmente con arsénico.
A partir de ahí, dejó de usarse ese ingrediente asesino.
Pero la historia no termina ahí.
Porque muchos de esos libros con tapa verde quedaron guardados en las bibliotecas... y llegaron a parar a manos de anticuarios.
En el año 2019 un grupo de investigadores descubrió que muchos de esos libros seguían en circulación. Si bien sus tapas no contienen una dosis letal, el contacto permanente con el arsénico puede traer graves problemas de salud.
Comenzaron un proyecto para poder rastrear estos libros verdes y sacarlos de circulación y mantenerlos en lugares solo para fines investigativos.
El Poison Book Project (Proyecto Libro Venenoso) ha viajado por diversos países y ha encontrado numerosos de estos libros, además que enviar instrucciones a los libreros y anticuarios para alertarlos en caso de que se encuentren con uno.
¿Conclusión?
Los libros emocionan, te hacen reir, soñar, llorar, aprender...
Pero a veces, los libros te pueden matar.
¡Feliz día del libro!
