Te apuesto a que no conocías este uso del marfil...
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Hablemos del marfil.
Y no, este newsletter no tiene una finalidad conservacionista.
A mí me interesa el marfil como material utilizado a lo largo de la historia. Ha sido trabajado desde la Prehistoria (¡tallaban figuras en marfil de mamut!) y su uso ha sido asociado al lujo, al refinamiento, a la pureza y lo exótico.
Pero... ¿qué es el marfil?
Todos conocemos el marfil como aquello de lo que están hechos los colmillos de los elefantes. Y en cierto sentido, eso es el marfil: aquello de lo que están hechos los dientes. Solo que el único marfil que se puede trabajar y tallar es el de los animales con grandes colmillos.
No solo el elefante tiene marfil. También lo tienen las morsas, el narval, el cachalote, el hipotótamo y el jabalí.

Estatuilla tallada en marfil de mamut, encontrada en Alemania. Se presume que tiene 35.000 años de antigüedad.
En la antigua Grecia no había nada más elegante que el uso del marfil. ¡Obvio! Tener marfil significaba que alguien lo había extraído de tierras lejanas, de un animal peligroso y se había tomado la molestia de transportarlo y trabajarlo para que llegara el territorio helénico.
Los griegos desarrollaron un tipo de escultura llamada criselefantina: estatuas cubiertas de oro y de marfil.
Estas estatuas eran generalmente de dioses y se situaban dentro de los templos. La piel del dios se representaba con marfil (¡solo imagínate la cantidad de elefantes que tenían que morir para cubrir esas estatuas con marfil!) y la ropa y joyas se cubrían de oro.

Réplica de la estatua criselefantina de Atenea que estuvo en el Partenón. Esta réplica está en Nashville, Estados Unidos.
Durante la Edad Media, era común que los novios se regalaran objetos de marfil.
El blanco del material se asociaba a la pureza, la dificultad de tallarlo implicaba que se había gastado mucho dinero en crearlo, y la rareza de los animales de origen hacía de ese regalo uno mucho más exótico.
Crucifijos, vírgenes, nacimientos, cofrecitos, peines... todo podía ser más elegante si se hacía de marfil.

Esta Virgen abridera del siglo XIII en Galicia muestra una Virgen a la que se le abren las bisagras y se transforma en un tríptico.
El marfil se utilizaba con propósitos decorativos.
Pero hay un tipo de decoración con marfil que aún no se había explorado...
Y esa es la decoración bucal.
Me refiero a los dientes postizos.
A partir de 1600 se empezó a experimentar con el marfil para hacer dientes postizos. ¡Parecía una buena solución! Era un material hecho de dentina, del color de los dientes humanos, y relativamente fácil de tallar.
Pero no eran perfectos. Los dientes postizos de marfil se manchaban, absorbían olores, eran incómodos y se deformaban.
Además, ¡eran carísimos!
Hay personajes notables que se sabe que usaban dentaduras postizas, como George Washington y la reina Victoria.

Dientes postizos de George Washington, hechos con marfil de hipopótamo y elefante (y dientes humanos). El marfil se oscurece con el tiempo, por lo que surgió el mito de que sus dientes postizos eran de madera.
Hoy, el comercio de marfil está fuertemente regulado o derechamente prohibido, especialmente en Europa y América.
Pocos de nosotros —me atrevo a decir que ninguno— tendrá el lujo de tener o comprar un objeto de marfil.
Y, por suerte, jamás tendremos un diente postizo o una corona hecha de marfil. Porque nacimos en una época en que estas se hacen de porcelana, acrílico o zirconio.
¡Viva la modernidad!