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Es lo que ha sonado estos útimos días en mi casa, pero en su versión original: Amarilli, mia bella.
Es que Giulio Caccini era un romántico y quiso musicalizar este poema. Y hacerlo de forma épica.
Cuando dio a conocer su obra en 1602 bajo el conjunto Le nuove musiche (La nueva música) sabía que estaba cambiando la historia de la música.
Hasta aquel momento, la música renacentista dominaba la escena. Esta favorecía la polifonía, o sea, varias voces cantando líneas melódicas distintas y muchos instrumentos que las acompañan.
–Suena bonito –decía Caccini–, pero no se entiende nada de nada. ¿De qué sirve que haya un texto si no se puede ni entender?
E intentó hacer algo nuevo. O, en realidad, algo antiguo: volver a las raíces del teatro griego y lograr que el texto sea el que sobresaliera, y que la música solo fuera una acompañante en función de la palabra.
Dejó de lado la polifonía y priorizó la monodia: una sola voz, cantando una sola línea vocal, y con un acompañamiento intrumental simple (llamado "bajo continuo").
Y ¡PAF! Nació Amarilli, mia bella, una pieza hermosa, suave, romántica y aparentemente simple. En donde se entiende el texto. Es casi una recitación cantada.
Lo que Caccini no sabía que esto iba a revolucionar la música...
–Me gustó esto de que el texto se entienda, creo que así le hago justicia al antiguo teatro griego. Pero ¿por qué debería contentarme con solo una pieza cortita, si puedo crear una obra entera?
Muchos quisieron imitarlo. Este nuevo estilo se popularizó rápidamente por toda Europa. ¡Creaban pieza tras pieza con este nuevo estilo monódico florentino.
Hubo algunos que se pusieron ambiciosos: Jacopo Peri creó una especie de obra de teatro completamente cantada/recitada en este estilo. Esa obra –llamada Dafne– es considerada la primera ópera de la historia.
Lamentablemente, Dafne se perdió. Y como primera ópera completa hasta el día de hoy tenemos la de Jacopo Peri, con aportes del mismo Giulio Caccini: Eurídice.
Sin saberlo, Caccini y sus compinches habían sentado las bases de un nuevo género músical y teatral: la ópera.
Si a usted le gusta Carmen de Bizet, La Flauta Mágica de Mozart o El Barbero de Sevilla de Rossini, agradézcale a Caccini, quien se atrevió a cambiar la forma en la que se hacía música.

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Amarilli, mia bella ha sido cantada innumerables veces a lo largo de los siglos.
Pero creo que la versión cantada por Jakub Orlisnki es la mejor. Orlinski es un contratenor polaco –además de breakdancer profesional, porque ¿para qué hacer una cosa bien si puedes hacer muchas?–.
Su voz es hipnótica. Como de ángel. Y honestamente, considero que también se ve como uno, porque es guapísimo.
Te dejó la versión de Amarilli, mia bella de Orlinski.
De nada, chicas 😉.
https://www.youtube.com/watch?v=bHVXUNtCcfk&list=RDbHVXUNtCcfk&start_radio=1
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