Los (emocionantes y terribles) amores de Abelardo y Eloísa
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Ahora que tengo una recién nacida he podido retomar mi racha lectora. ¡Y qué mejor que con una novela con altísimo contenido histórico y que narra una de las historias de amor más desgarradoras de todos los tiempos!
Me refiero a la historia de Abelardo y Eloísa.
Aproveché mi estadía en la clínica para leer El amor y la muerte, de José Luis Corral (puedes ver el libro aquí).
Suelo ser muy –quizá demasiado– quisquillosa con las novelas históricas. Muchas veces creo que son en realidad una telenovela con un tufillo de trasfondo histórico, que usan momentos del pasado como excusa para incorporar personajes o actitudes que hoy son consideradas terribles o tabú.
Por supuesto que hay excepciones: Cometas en el Cielo de Khaled Hosseini, La Casa de la Mezquita de Kader Abdolah, las novelas de Santiago Posteguillo, etc.
Pero esta novela me gustó mucho. No solo porque relataba la historia de Abelardo y Eloísa, sino que el libro además entregaba muuucho contexto histórico de lo que estaba ocurriendo en la Edad Media en aquel momento.
Fue la mezcla perfecta que buscaba entre novela y libro de historia.
"¿Pero quiénes fueron Abelardo y Eloísa? ¡Anda al grano!"
Ok. Aquí vamos.

Pedro Abelardo fue uno de los mayores filósofos de la Edad Media. Nació en 1079 en Bretaña –hoy Francia–, y a pesar de que era el primogénito, su padre aceptó que no heredara sus tierras y títulos para que se dedicase a las letras.
Era un alumno brillante. No temía discutir con sus profesores, usar la lógica para argumentar, aunque sus maestros se sintieran humillados por haber sido superados por un mocoso.
El objetivo de Abelardo era encontrar la verdad a través de la filosofía y la razón. Aunque escandalizara a muchos.
En una época anterior a las universidades, Abelardo se trasladó a París, en donde fundó la Escuela de Santa Genoveva. ¡Sus clases estaban llenas! Era una verdadera celebridad, con un numeroso grupo de discípulos y enemigos intelectuales.
Además era guapísimo, y las mujeres desfallecían por él.
Era tan grande su fama que Fulberto, un canónigo de la Catedral de París, le pidió que se hiciera cargo de la educación de su sobrina.
–Es una muchacha brillante –le dijo. –Con tan solo 15 años ya sabe latín, griego, hebreo y puede leer con facilidad alos autores y filósofos antiguos.
Y así fue como el mayor filósofo de Occidente de aquel entonces, con 35 años, conoció a Eloísa.
Le enseñaba filosofía, lógica, dialéctica... y sobre el amor.
No pasó mucho tiempo hasta que se hicieron amantes. Y ese sería el inicio del fin.
Era un amor apasionado. Y peligroso.
Al poco tiempo, Eloísa descubrió que estaba embarazada. Abelardo ayudó a que escapase en secreto de la casa de su tío y la llevó a casa de su propia hermana en Bretaña. Ahí, Eloísa dio a luz al hijo de ambos, Astrolabio –el nombre de un instrumento de astronomía–.
Abelardo volvió a París a pedir el perdón de Fulberto. Ambos acuerdan que habría matrimonio –aunque Eloísa no quisiese– y que este se mantendría en secreto, para no comprometer la docencia de Abelardo, ya que quienes enseñaban debían ser célibes.
Asunto arreglado.
...o no.
Fulberto aun se sentía ofendido. Tras el matrimonio, dio a conocer que Abelardo estaba, efectivamente casado. Y no contento con arruinar su carrera y reputación, Fulberto contrató a unos sicarios que castraron a Abelardo.
Así tal cual.
Tras la emasculación, Eloísa ingresó al convento y Abelardo también tomó los hábitos.
Con el paso de los años, ambos retomaron la correspondencia y amistad. De hecho, Eloísa nunca dejó de amarlo. Y Abelardo se volvió a coronar como un importante filósofo y participó de numerosas controversias teológicas.
Al morir, ambos fueron enterrados juntos en el monasterio de El Paráclito –del cual Eloísa era abadesa y que le había sido donado por Abelardo–. En 1817 sus cuerpos fueron trasladados a una tumba en el cementerio de Père Lachaise, en París.
Hasta el día de hoy, ambos amantes descansan juntos, desafiando al tiempo y a las circunstancias que buscaron separarlos en vida.
