La guerra en la que España lo perdió todo (y en tiempo récord)
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Hay negocios malos. Y hay negocios muy, muy malos, que te pueden arruinar por completo. Eso le pasó a España en 1898.
Hacia 1580, el Imperio Español era la mayor potencia de todo el mundo.
Nadie la podía igualar.
Bajo el reinado de Felipe II, España controlaba:
- Toda la Península Ibérica (sí, incluido Portugal)
- Las Islas Canarias
- El Virreinato de Nueva España: México, Centroamérica, partes del actual Estados Unidos desde California hasta Alaska y La Florida
- Virreinato del Perú: prácticamente toda Sudamérica, incluído Brasil
- Zonas de la actual Italia y países Bajos
- Costas del norte de África
- Puertos de la India
- Filipinas y otras islas del Pacífico
Se decía que en el Imperio Español nunca se ponía el sol. Y era verdad.
Pero nada dura para siempre. Y si el Imperio Romano cayó en algún momento, el Español tenía que hacerlo.
A partir del siglo XVIII, España tuvo que despedirse de sus territorios coloniales.
Chao Virreinato del Perú, hasta luego Capitanía General de Chile, adiós Virreinato de Nueva Granada, bye Nueva España...
A mediados del siglo XIX, todo parecía perdido.
¿Todo?
No.
El Imperio Español se aferraba a una última esperanza: aún controlaba Cuba, Puerto Rico, Guam y las Filipinas.
Y se aferraba con fuerzas, a pesar de que en lugares como Cuba y Filipinas le estuvieran pidiendo la independencia.
Pero luego, sin querer queriendo, España se vio envuelta en un pésimo negocio: una guerra contra Estados Unidos.
En 1898 el acorazado estadunidense USS Maine explotó en el puerto de La Habana.
¿De quién fue la culpa? No se sabe bien, pero la prensa estadounidense no tardó en culpar a España.
Antes de que España se diera cuenta de lo que sucedía, ya estaba en medio de una guerra con el país americano.
La guerra fue brevísima: duró apenas 4 meses y murieron relativamente pocos soldados (menos de 5 mil), a pesar de que hubo batallas en el Caribe y en el Pacífico.
Lo peor fue que España salió trasquiladísima.
Perdió el dominio de Cuba, de Puerto Rico, de Guam y de Filipinas.
Ese fue el triste y anticlimático fin del Imperio Español. Del imperio que alguna vez había sido el más grande, el más poderoso y el más espectacular del mundo.
Pum.
En pocos meses, todo se derrumbó...
... para España. Porque para Estados Unidos, esta victoria le significó tener la posibilidad de convertirse en una nueva potencia mundial.
Y así estamos hasta el día del hoy.
