Eligió una plaza para tener su parto
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Las mujeres tenemos mucha suerte: nunca nadie duda de que nuestros hijos sean realmente nuestros.
Pero la pobre Constanza I de Sicilia no podía decir lo mismo.
Esta dama nacida en Sicilia en 1154 se había casado tarde –para la época–, con más de 30 años. Por suerte, se había casado bien: con el que se convertiría en el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Enrique VI.
Durante años la pareja intentó tener un hijo, pero no había caso. Constanza envejecía más y más, y las esperanzas de darle un heredero a su esposo se desvanecían.
Hasta que ocurrió lo que todos habían dado por perdido.
Cuando Constanza tenía 40 años se quedó embarazada.
¡Por fin! Todos podían celebrar.
Pero también surgieron los rumores...
¿Y si en realidad no está embarazada? ¿Y si es todo un engaño y al momento del parto el bebé es sustituido para asegurar la sucesión? ¿No es realmente sospechoso que la reina nunca haya podido concebir y justo ahora sí pueda?
No hay nada más peligroso para un heredero recién nacido que los demás duden de su legitimidad.
Así es como Constanza tomó una de las decisiones más locas y geniales para probar que su hijo era realmente suyo.

En aquel momento se encontraban en la ciudad de la Jesi, en Italia. Constanza decidió que lo mejor para acallar los rumores era permitir que pudieran ver cómo daba a luz a su hijo.
¿Tenía vergüenza? ¡Más deshonroso era que su hijo fuera considerado un impostor!
El día del parto instaló una carpa en la plaza pública de Jesi (en la imagen de abajo).
–Cualquier mujer del pueblo que quiera asomarse a mirar es bienvenida –declaró la monarca.
Y así fue. Las mujeres que sentían la curiosidad de atestiguar con sus propios ojos el nacimiento del heredero del imperio podían asomarse libremente.
Frente a ese público y en esas extrañas condiciones fue que nació el futuro Federico II –llamado Stupor Mundi ("el asombro del mundo"), por su interesante vida–.
Hoy, la plaza que lo vio nacer es la Piazza Feredico II: el escenario de una de las escenas más extrañas de toda la Edad Media.
