Una vez tuve que ser salvada por una monja después de cometer un crimen.

Una vez tuve que ser salvada por una monja después de cometer un crimen.

Una vez tuve que ser salvada por una monja.

Creo que literalmente cayó del cielo para ayudarme.

Yo era joven e ingenua, y al subirme en un tren en Asís rumbo a Roma, no entendí que tenía que validar el boleto.

Obviamente, se subió un inspector que me quiso multar (como correspondía). Mi cara de corderito indefenso y confundido conmovió a una monja sentada frente a mí, que con su dulce sonrisa convenció al inspector de no multarme.

Gracias sor Ludovica, estés donde estés ahora.

Yo en Asís el 2015. Momentos antes de cometer mi crimen.

 

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