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En 1848 el compsoitor alemán Richard Wagner consideró que era una excelente idea hacer una ópera sobre esto.
¿Solo una? No: cuatro.
La primera sería una introducción que narra el origen del anillo; la segunda es la historia del nacimiento del héroe; la tercera narra las acciones del héroe; y la cuarta cuenta la tragedia final.
—Pero Richie —le deben haber dicho sus amigos—, ¿quién va a querer ir a ver cuatro óperas para conocer el desenlace de esta historia?
—¡Todos! ¡Nadie querrá perderse esto! Y no solo serán cuatro óperas, sino que serán con una orquesta enorme, en un teatro construido especialmente para presentar estas obras... ¡será hermoso!
—Es un plan muy ambicioso, Richie, ¿cómo estás tan seguro de que vendrá gente a ver las óperas? Por lo menos dinos que serán óperas breves y fáciles de comprender.
Richard Wagner les debe haber lanzado una mirada de odio profundo.
—¿Acaso creen que la gente es tonta? No, sé que el público quiere emoción. Y eso les daré. Serán óperas largas, muy largas, agotadoras emocionalmente... y antes de que me digan algo, les diré que sé que el público hará fila para poder ser parte de esta experiencia casi religiosa.
Así fue como:
- La ópera Das Rheingold (El oro del Rin) tiene una duración de 2 hrs. y media sin pausas
- Die Walküre (La valquiria) tiene 3 actos y una duración de casi 5 horas.
- Siegfried (Sigfrido) tiene 3 actos y dura 4 hrs y media.
- Götterdämmerung (El ocaso de los dioses) tiene un prólogo, 3 actos y dura 5 horas.
Y Wagner no se equivocaba. Hasta el día de hoy, cada año las entradas se siguen agotando para ir a ver las óperas de Wagner en la ciudad de Bayreuth en Alemania, en el teatro que él mandó a construir para presentar solo sus obras en su festival.
Wagner era ambicioso, y no se contentó con lo mínimo.
¿Y por qué? Porque era un compositor del romanticismo.
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