Los secretos que esconden estas tres pinturas famosas

Los secretos que esconden estas tres pinturas famosas

No todo está a simple vista.

Muchas veces, una pintura es más que solo la composición, los colores y el tema. En ocasiones, esconden secretos o historias que vale la pena conocer.

En esta edición te traigo tres pinturas famosas, con sus historias y secretos, que te harán verlas de forma completamente distinta.

  1. El ajenjo o La bebedora de absenta, de Edgar Degas (1876)

–¡Es horrible! ¡Un atentado contra la belleza! ¡Un llamado a la inmoralidad y decadencia! –exclamaron los críticos cuando vieron la obra del pintor fracés expuesta en una muestra de los impresionistas.

Rápidamente la escondieron y guardaron.

Pero Degas no había querido pintar un cuadro feo. Él quería retratar una realidad cruda y descarnada que él presenciaba todos los días: el mundo de la bohemia francesa.

El París de la Belle Époque era uno de contradicciones. Por una parte, la ciudad crecía, se modernizaba, surgían nuevas tendencias artísticas y culturales. Era una ciudad dinámica y alegre.

Por el otro, este mundo bohemio se rodeaba de la prostitución, el alcoholismo, la miseria urbana y la precariedad.

Y el símbolo de esa bohemia francesa era el absenta –o ajenjo–.

Desde su creación o descubrimiento la bebida se había convertido en indispensable de la vida nocturna, y se servía en bares, cafés y bistrós.

Se decía que "el hada verde" –como se la llamaba– causaba locura, alucinaciones y que llevaba a sus consumidores a un estado de conciencia alterado.

Por eso era amado y despreciado por la sociedad parisina.

La mujer y el hombre de la pintura representan ese momento: el consumo del absenta en un café o bar, de noche, en una situación que debería ser de alegría. Ambos están juntos, pero parecen estar solos. Sus miradas están perdidas, desesperadas, tristes.

Quizá Degas veía de esa manera a su propia época y ambiente. En medio de un ambiente supuestamente festivo en realidad solo hay soledad y vacío.

 

2. El matrimonio Arnolfini, de Jan van Eyck (1434)

Esta de aquí no es solo una pintura de un matrimonio. Es un mundo lleno de objetos que crean un significado profundo.

La pintura fue hecha en Brujas –actual Bélgica– y representa a Giovanni di Nicolao Arnolfini, un mercader italiano, junto a su esposa.

No hay nada al azar. El pintor no gastaría pintura y tiempo en pintar elementos que no contribuyeran a entregar un mensaje.

- El perro entre ambos es un reflejo de la fidelidad.

- Las velas encendidas a pleno día son un símbolo de la presencia de Dios, bendiciendo la unión.

- Los zapatos tirados en el suelo no fueron un simple descuido –y el origen de muchas discusiones matrimoniales, en mi humilde opinión– sino un signo de que ese matrimonio está asentado sobre "suelo sagrado".

- La cama roja es una muestra de la intimidad conyugal.

- Pero lo más interesante está al fondo: en el espejo.

Un espejo era un elemento carísimo y muy raro en aquella época. Mucho más un espejo convexo.

Y si uno se acerca al cuadro, podrá descubrir que en su reflejo hay dos figuras. ¿Una de ellas es la del mismo pintor?

Por si quedaban dudas, él mismo escribe sobre el espejo Johannes de Eyck fuit hic —"Jan van Eyck estuvo aquí".

¡Una verdadera novedad!

 

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