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¡Estoy de vuelta!
Me fui de vacaciones unas semanas y mi objetivo era simple: desconectarme completamente. Dejé de lado mis redes sociales, el newsletter, la publicidad de productos... todo.
Lo único que quería era no pensar en nada.
Pero la realidad me alcanzó.
Incluso casi sin señal en mi celular, no pude evitar que me llegaran las noticias que estaban en boca de todo el mundo: los therian.
¿No sabes qué son los therian? Tienes mucha suerte. Todo lo que yo he sabido de ellos es en contra de mi voluntad.
En resumen, los therian son una nueva tribu urbana o un grupo de jóvenes que se sienten de otra especie no humana. Los que se sienten perros usan una máscara de perro y ladran (en público), los que se sienten gato usan cola de gato y maúllan... y así.
No quiero entrar en un juicio sobre los therian... porque no quiero darles más tribuna.
Pero verlos en las noticias me recordó a un santo de la Iglesia que es poco conocido en Occidente —o por lo menos en su versión oriental—: me refiero a san Cristóbal Cinofécalo.
(Spoiler: cinocéfalo significa cabeza de perro).
¿Quién era san Cristóbal? Eso ya es fascinante, porque se mezclan historia y leyenda.
De san Cristóbal sabemos muy poco. Si es que existió, probablemente fue un mártir del siglo II. Ni siquiera sabemos su nombre, porque Cristóbal viene del griego Cristophoros, que quiere decir "portador de Cristo". O sea, solo sabemos cuál era su apodo.
A partir del siglo V, en la iglesia oriental este santo comenzó a ser relacionado con los terribles cinocéfalos, una raza mitológica que los antiguos griegos identificaban con las tierras más lejanas, como India o Etiopía.
Los cinocéfalos eran considerados una raza violenta y monstruosa. Pero la leyenda decía que este personaje en particular, al convertirse al cristianismo, se amansó y tomó el nombre de Cristóbal (luego de ayudar al niño Jesús a cruzar un río).
En fin. El punto es que en las iglesias orientales san Cristóbal era representado con su cabeza de perro. Representaba la posibilidad de conversión de hasta lo más bárbaros y alejados del mundo.
Entonces, ¿san Cristóbal existió? No lo sabemos.
Si de verdad existió, ¿tenía cabeza de perro? Por supuesto que no.
Entonces... ¿san Cristóbal era un therian? ¡No!
Y para ser justos, él tampoco sería el primero en ser representado con cabeza animal. Los dioses egipcios son un claro ejemplo de seres con cualidades humanas y animales. En Mesopotamia también había dioses zoomorfos, y prácticamente en gran parte de las culturas antiguas existía esta idea de seres humanos/animales.
Quizás —la esperanza es lo último que se pierde— todas las personas que se identifican como therian en realidad están haciendo un homenaje a la mitología antigua y medieval.
Quizás todo esto es un gran acto cultural y educativo.
Quizás.
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