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Jean-Jacques Rousseau tenía una idea revolucionaria.
Creía que la sociedad era la que pervertía al ser humano, la que le enseñaba todos sus vicios.
"Porque el hombre es bueno por naturaleza", decía.
Así, proponía criar a los niños de la forma más natural posible, para que mantuvieran su bondad original.
Esta educación debía ser en el campo, basada en la observación de la naturaleza (y no en los libros) y alejada de todos los prejuicios de la sociedad. Los niños serían quienes guiarían su propia educación, que seria significativa y experiencial.
Soñado, ¿o no?
Me imagino a niños descalzos subiendo árboles, investigando en las orillas de un río, riendo mientras comen manzanas al sol. Idílico.
Esa era la manera de formar ciudadanos críticos, libres y buenos. ¡Gente que nunca había sido manchada por la humillación, la sumisión y los prejuicios sociales!
Rousseau planteó todas estas hipótesis en uno de sus libros más famosos, Emilio o De la educación (1762). ¡Fue un best seller! (A pesar de que fue un libro prohibido en Francia y muchos de sus ejemplares fueron quemados en la hoguera)
Pero Rousseau no era tan perfecto. El caballero en cuestión tuvo cinco hijos.
¿Crio a los niños en una pradera bucólica? No: los entregó a un orfanato.
Sin embargo, Jean-Jacques Rousseau se convirtió en un ícono tanto de la Ilustración como del Romanticismo, aunque parezca contradictorio.
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