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Hay novelas que a uno le cambian la vida.
Pero —y esto es terrirífico— una novela también puede terminar con tu vida.
Por lo menos, eso fue lo que le ocurrió a varios muchachos después de leer Las penas del joven Werther.
Esta es de esas historias que parecen mentira, pero que son de verdad. Aquí les va:
En 1774 Johann Wolfgang Goethe publicó dicha novela. Se trataba de las desventuras que vivía un joven llamado Werther.
El pobre Werther era un chico soñador, sensible e intenso, que cae perdidamente enamorado de Charlotte, una hermosa joven.
El título del libro ya nos da una pista sobre qué es lo que ocurre con Werther y Charlotte. La joven no corresponde a su amor. De hecho, ya está comprometida con otro hombre, Albert.
Werther es un poco masoquista, y sabiendo que nunca podría tener a Charlotte, se dedica a cultivar una intensa amistad con ella. (¿Para qué gastar energía en eso, me pregunto yo?).
Es tanto el dolor que le produce el hecho de que Charlotte no lo ame, que Werther intenta huir. Se va de la ciudad para intentar olvidarla. Pero al regresar, se encuentra con el horror de que Charlotte ya está casada, y que el amor de Werther por ella solo ha aumentado dolorosamente.
Aún así sigue visitándola, como su fiel amigo (¿cuál es el afán, Dios mío?).
Al fin, Charlotte se despabila y se da cuenta que, en realidad, es algo impropio que Werther la visite tanto —sobre todo si consideramos que él la ama—. La joven le pide que, por favor, nunca más la visite.
Werther cae en la desesperación. Claramente, alguien de ese triángulo amoroso —entre él, Charlotte y Albert— debe morir. Y como él no es un asesino, la conclusión lógica a la que llega es que debe quitarse la vida.
Con el pretexto de que se va de viaje, le pide unas pistolas a Charlotte, quien se las pasa. Y Werther se quita la vida.
—Qué historia más horrorosa, Dominga —podrás estar pensando.
Sí. Pero lo más interesante viene después.
Esta novela fue un hit inmediato. ¡Todos querían leerla! Se agotaban las impresiones y los jóvenes se reunían en sus salones y en los parques a leerlas. La gente lloraba a moco tendido en público.
Causó furor.
No solo eso: los jóvenes comenzaron a vestirse como el protagonista de la novela. Todos se sentían como aquel héroe atormentado por el amor, y pronto estaban todos vestidos con la vestimenta de Werther (imagínate, es como andar vestido de Harry Potter o de Frodo Bolsón).
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